Una oscura habitación donde dormirse
Después de una intención inmensa que nos tuvo y se nos arrebató, se queda un extraño vacío que el tiempo termina sustituyendo por cualquier cosa. Así, con los años, quedan expresiones manidas, nominalismos prácticos para definir esas emociones pasadas. De este modo, "el amor de mi vida", pasa a ser una entidad que nos habita una estancia interior cuya entrada se prohíbe a los invitados. Es una dimensión que termina por convivir con nosotros, sin añoranza y sin anhelo. Es solo un pasado que se roba un apelativo novelesco para hospedarse en ese cuarto.
Una sabe que no hay nada más allá de esa puerta. Con el tiempo, traspasarla, es solo un experimento emocional que consiste en abrir las ventanas y dejar entrar el sol. Tumbarse en la cama y tenerlo sobre la piel mientras, a cientos de días de aquí, se puede ver todavía a aquella intención inmensa, confundiéndose en sofismas.

